
En segundo lugar, como ya anteriormente fue mencionado, libertad implica responsabilidad. Dios enunció la responsabilidad que el ser humano tendría que afrontar por quebrantar el orden moral establecido por Dios en el universo. La muerte es una consecuencia indeseada de la una mala elección, pero es también el justo castigo por quebrantar la ley moral que rige el universo de Dios.
Tal vez la ilustración del conductor bebido pueda ayudar a entender ambos conceptos. Al libremente decidir conducir bajo los efectos del alcohol, nuestro protagonista se causó a sí mismo lesiones irreversibles que le dejarán postrado toda su vida en una silla de ruedas. Está experimentando las consecuencias indeseadas de su ejercicio de la libertad.
Pero también ha desobedecido la legislación del país. Ha quebrantado la ley y, al hacerlo, ha causado prejuicios a otras personas que han perdido la vida. El ordenamiento legal exige que esa persona sea castigada por su delito y pague la pena que corresponda. Alguien podría decir que bastante pago es tener que estar toda una vida tendido en una cama sin la posibilidad de volver a andar. Esto, sin embargo, es la consecuencia de su decisión equivocada e irresponsable. La pérdida de sus bienes para pagar a las víctimas e incluso un tiempo de prisión sería su responsabilidad legal por haber quebrantado la ley. Lo primero es lo que se ha buscado, lo segundo es lo que merece en justicia por su conducta.
Del mismo modo, el mandamiento nos advierte de lo que podemos buscarnos y también nos avisa lo que mereceremos si quebrantamos la ley moral de Dios






