sábado, 13 de diciembre de 2008

4. UN ÁRBOL ESPECIAL

Dios dio a Adán y Eva una orden singular:

Puedes comer del fruto de todos los árboles que hay en el jardín, excepto del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque el día en que comas de él, tendrás que morir.

Andreu, sin la posibilidad de escoger no hay libertad. Para poder ser libre hay que poder escoger.

Dios quería tener una relación significativa con el ser humano. Pero para que una relación sea significativa tiene que ser deseada, tiene que ser voluntaria, nunca forzada.

Dios nos podría haber creado de tal manera que estuviéramos programados para decirle "si" Pero ¿Qué valor tendría para Él una relación que no es libre, espontánea y deseada? ¡Ninguno!

Un hombre, valiéndose de su fuerza podría poseer el cuerpo de una mujer, forzarla, violarla, pero nunca podría conseguir su corazón. El corazón debe ser entregado libre y voluntariamente por la otra persona, sólo de este modo las relaciones significativas son posibles.

Dios quería ese tipo de relación. Pero ese tipo de relación tenía un riesgo, que nosotros le dijéramos que no, que prefiriéramos volverle la espalda y pasar de tener amistad con Él.

El árbol, el mandato de no comer, representa la posibilidad de cada ser humano de decirlo "no" o decirle "si" a Dios. Lo importante no es el árbol, es lo que este representa.

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